Un nuevo coral de aguas profundas en Costa Rica recibe un nombre inspirado en el élfico de Tolkien
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Un estudio de la Universidad de Costa Rica, el Smithsonian y el Schmidt Ocean Institute describe una nueva especie, género y familia de coral en aguas de la Isla del Coco, con nomenclatura basada en el quenya, la lengua élfica creada por J.R.R. Tolkien.
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La investigación, publicada en la revista científica ZooKeys y desarrollada con apoyo de la National Geographic Society, documenta el hallazgo de un coral de aguas profundas frente a la Isla del Coco que amplía el árbol taxonómico de los octocorales.
En las montañas submarinas que rodean la Isla del Coco, a más de 350 metros de profundidad, un equipo de investigadores identificó un organismo cuyas características no correspondían a ninguna clasificación conocida en la biología marina. Se trata de un coral dorado, de forma arbórea, que se desarrolla sobre laderas rocosas colonizadas casi en su totalidad por estrellas quebradizas. La singularidad de sus rasgos morfológicos y genéticos llevó a los investigadores a establecer no solo una nueva especie, sino también un género y una familia taxonómica inéditos, un hecho considerado excepcional dentro de la disciplina.
La especie fue denominada Laurinquë elenya, nombre que responde a una elección deliberada por parte del equipo científico. La investigación fue liderada por Odalisca Breedy, especialista en octocorales de la Universidad de Costa Rica, en colaboración con investigadores del Smithsonian, quienes optaron por recurrir al quenya, la lengua élfica desarrollada por J.R.R. Tolkien, para la nomenclatura. El término laurinquë significa «árbol dorado», en alusión a la coloración y ramificación características del coral, mientras que elenya, que significa «estelar», hace referencia al entorno de estrellas de mar sobre el cual fue hallado.
El proceso de identificación presentó importantes desafíos técnicos. Las muestras fueron recolectadas durante dos expediciones, realizadas en 2019 y 2023, mediante el vehículo submarino robótico SuBastian, operado desde los buques de investigación Falkor y Falkor (too), del Schmidt Ocean Institute, con el respaldo adicional de la National Geographic Society. La determinación de su posición dentro del árbol evolutivo requirió un esfuerzo aún mayor que su hallazgo en campo: el análisis inicial de tres genes distintos arrojó resultados contradictorios, cada uno asociando al organismo con una familia diferente de corales. Fue necesario un análisis genético de mayor escala, que incorporó cientos de genes simultáneamente, para confirmar que la especie no se ajusta a ninguna familia previamente descrita, siendo la familia Eunicellidae su pariente más cercano identificado.

Más allá de su relevancia científica, el hallazgo reviste importancia significativa para los esfuerzos de conservación marina. La Isla del Coco, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, cuenta con un área protegida que fue ampliada de manera considerable en 2021. Los jardines de coral de aguas profundas, como el que alberga esta nueva especie, constituyen estructuras ecológicas fundamentales que proveen hábitat a una amplia diversidad de especies marinas. No obstante, se trata de ecosistemas altamente vulnerables: el contacto con artes de pesca de fondo puede ocasionar daños prácticamente irreversibles, dado que su recuperación puede tomar décadas.
Este hallazgo se suma a una serie reciente de descubrimientos que evidencian el potencial biológico aún inexplorado de los ecosistemas marinos y terrestres de Costa Rica, entre los que destacan un tiburón fantasma de aguas profundas, un gusano marino con manchas similares a las del jaguar, una rana asociada a los cafetales de la Zona de Los Santos y un nuevo árbol registrado en las montañas de Guanacaste. Estos casos confirman que una parte considerable de la biodiversidad del país permanece aún sin documentar, particularmente en las profundidades del océano.
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